Funciona sin internet
Se corta la conexión y la caja sigue cobrando. Cuando vuelve, sincroniza. En un local no se puede depender del wifi del vecino.
Caja atendida y balanza para lo que se vende por peso, en un solo punto de venta. Funciona sin internet, descarga el inventario solo y cierra el turno con arqueo. Lo usamos todos los días en nuestros propios locales, un viernes a la noche incluido.
Reproducciones fieles de las pantallas del sistema. Los nombres, los platos y los montos son inventados — no vamos a publicar la operación de nadie.

Cada mesa dice su estado sin que haya que preguntar: libre, ocupada, en cocina o lista para servir. El mozo ve cuánto lleva consumido y hace cuánto está sentada. Quien coordina el salón deja de caminar para enterarse.

Los pedidos entran por estación —parrilla, fríos, barra— y salen marcados como listos. Lo que pasa de quince minutos se pinta de rojo solo. Y lo que se vende por peso queda separado, esperando la balanza.

La cuenta se paga como la quiera pagar el cliente: una parte en efectivo, otra con tarjeta, y lo que falta siempre a la vista. El comprobante se elige ahí mismo —nota de venta, boleta o factura— y los datos del cliente salen de SUNAT o RENIEC sin tipearlos.
En un turno nadie va a escribir una contraseña de doce caracteres con las manos ocupadas. Se acerca la tarjeta y listo.

El lector de proximidad reconoce la tarjeta y abre el turno a nombre de esa persona. Si alguien la olvidó, entra con su email como siempre. Y los encargados confirman con un PIN propio, así una tarjeta prestada no alcanza para anular una venta ni para hacer un descuento.

Las credenciales no dicen quién es nadie: quién usa cuál vive en el sistema. Cuando alguien se va, la pieza vuelve al cajón y se reasigna sin imprimir nada. Son tarjetas de proximidad comunes, de las que se consiguen en cualquier lado.
Se corta la conexión y la caja sigue cobrando. Cuando vuelve, sincroniza. En un local no se puede depender del wifi del vecino.
La tablet de la parrilla abre pesaje. La de la cocina, cocina. Se configura una vez por equipo y nadie termina donde no le corresponde.
Lo que se vende en el mostrador ya salió del stock y ya está en el reporte. Sin pasar nada a mano, sin planilla paralela.
Boleta y factura emitidas desde la misma pantalla del cobro, sin salir a otro sistema a completar los datos de nuevo.
El turno abre y cierra con responsable, y el arqueo compara lo declarado contra lo cobrado. Las diferencias aparecen, no se descubren a fin de mes.
No hace falta cambiar todo el local de golpe. Se estrena en un mostrador y se suma el resto cuando el equipo ya lo maneja.
Contanos cómo cobrás hoy y dónde se te traba. Si JunQo POS no te sirve, te lo decimos.
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