Nadie compra de memoria
La orden nace del pedido del local, con los ítems que ese local puede pedir según su catálogo. Y cada ítem del pedido sabe qué producto del proveedor le corresponde, porque están vinculados de antemano.
El local pide, compras emite la orden, el proveedor entrega, el local firma lo que llegó de verdad y la factura entra sola. Cada paso deja rastro, y el que sigue no arranca hasta que el anterior está cerrado.
El encargado pide desde un catálogo que ya tiene lo que ese local puede pedir, con su unidad y su categoría. Compras recibe requerimientos, no listas sueltas de WhatsApp. Son reproducciones de las pantallas, con datos inventados.

Cada pedido dice cuántos ítems tiene y cuántos siguen pendientes de asignar. De un mismo pedido pueden salir una orden de compra y una orden de traslado —lo que hay que comprar y lo que ya está en otro local— y el pedido recién queda atendido cuando no le sobra nada.
OC para bienes, OS para servicios. Con IGV por línea, detracción, anticipo y una vigencia. Se manda por email con el PDF y por WhatsApp con un link firmado — y la orden te dice si el proveedor lo abrió.

«Enviada» en ámbar significa que salió; «Enviada ✓» en verde, que el proveedor la abrió. La que está «esperando anticipo» no habilita recepción hasta que Finanzas registre el pago. Y el botón «Enviar pendientes» despacha de una todas las que están programadas, a los destinatarios que cada proveedor ya tiene recordados.
El local recibe y firma contra la OC. Si falta, si sobra o si algo viene mal, la recepción no pasa de largo: cae en la bandeja de Compras y ahí se resuelve.

«Para Compras» junta lo observado, lo incompleto y lo que requiere autorización de exceso —las filas rojas—. «Para Administración» es lo que ya está limpio y puede convertirse en factura. Una recepción con exceso no avanza hasta que alguien la autoriza con su nombre.
La carne importada no es «stock de bife»: son cajas, cada una con su peso, su lote, su vencimiento y el costo exacto que le tocó. Cuando una caja se mueve de almacén, el costo viaja con ella.

Las cajas se listan por vencimiento, no por fecha de ingreso: sale primero la que vence antes. Cada una lleva su costo congelado —el que salió de su importación, no un promedio— así que el margen del plato no depende de qué caja agarró el cocinero. El granel vive aparte, en el stock agregado.
Una importación no es una factura: es la factura más el flete, el seguro, la agencia, el almacenaje y todo lo que va apareciendo. El costo del kilo se arma mientras llegan los gastos.

Cada gasto se clasifica: costo (plata que no vuelve), crédito fiscal (el IGV de la DUA, que se recupera) o saldo a favor (la percepción, que se descuenta después). Solo el primero entra al costo del kilo. Y si todavía faltan gastos, el expediente lo dice — «solo la mercadería»— en vez de mostrarte un número que se va a mover. Las simulaciones van aparte: cotizás una compra completa sin ensuciar el inventario.
La orden nace del pedido del local, con los ítems que ese local puede pedir según su catálogo. Y cada ítem del pedido sabe qué producto del proveedor le corresponde, porque están vinculados de antemano.
La OC se manda por email con el PDF adjunto y por WhatsApp con un link firmado. Cuando el proveedor lo abre, la orden pasa a «Enviada ✓». Antes de eso dice «No visto», que es una información distinta de «la mandé».
Si la OC lleva anticipo, queda en «esperando anticipo» y no habilita recepción hasta que Finanzas registre el pago. No es una nota en el campo de observaciones: es el sistema negándose.
Si el local recibe más de lo que decía la OC, la recepción cae en la bandeja de Compras marcada en rojo y necesita autorización explícita. Nadie la aprueba sin verla.
Los traslados entre locales emiten GRE contra SUNAT, con transportista público o privado, ubigeos y peso. Si SUNAT rechaza, la orden queda lista para re-emitir con número nuevo.
Cada OC tiene su historial: quién la creó, cada cambio de estado, quién lo hizo y cuándo. Cuando aparece la pregunta incómoda, la respuesta está adentro.
Cada orden de recepción que firma tu local aparece en el portal del proveedor: él factura contra eso, sube el comprobante y ve cuándo cobra. La cadena no se corta en tu puerta — sigue del otro lado del mostrador, en el mismo sistema.
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