El estado de cuenta deja de pedirse
Está ahí, al día, con cada comprobante, lo pagado y lo que falta. Se acabó armar un Excel a mano cada vez que un cliente lo pide un viernes a las siete.
Tus clientes mayoristas entran y ven lo suyo: qué pidieron, dónde está cada entrega, cuánto deben y hasta cuándo, a quién llamar y a qué cuenta depositar. Todo lo que hoy te piden por mensaje, ya lo tienen.
Cuánto debe, cuánto está vencido, cuánto le queda de línea. Qué le llega hoy. Con quién habla. Y a qué cuenta transferir. Cuatro cosas que hoy se responden a mano, una por una, cada vez que alguien pregunta.

El vencido va en rojo y lo que vence esta semana en ámbar: el cliente ordenado paga antes porque lo ve, no porque lo llames. La línea disponible le dice cuánto más puede pedir sin que nadie tenga que autorizar por teléfono. Y las cuentas bancarias con su CCI están para copiar, no para pedirlas de nuevo.
Cada pedido con su sede, su fecha de entrega y en qué estado está. Y el botón que más se usa en un portal mayorista: repetir.

Un grupo con varias sedes pide desde cada una, y acá las ve todas juntas o filtradas por sede. Los estados son los mismos que ve tu equipo del otro lado: no hay dos verdades sobre si el pedido salió o no.
La entrega no termina en «entregado». Termina con quién firmó, a qué hora, con qué guía y qué faltó — que es exactamente el dato que después se discute.

Pediste 8 kg de chorizo y llegaron 6.5: eso queda registrado en la entrega y se factura lo entregado, no lo pedido. La diferencia no llega al estado de cuenta ni a una nota de crédito tres semanas después. Con su guía de remisión y el comprobante asociado, todo en la misma pantalla.
Cada comprobante con lo que se pagó y lo que queda, las notas de crédito ya descontadas, y el saldo abajo. En vivo: no es un PDF que alguien exportó el martes.

Los pagos parciales se ven como tales, las notas de crédito restan en la misma tabla, y lo vencido se marca solo. Cuando el cliente quiere el PDF para su contador, lo descarga él. Tu equipo de cobranzas deja de ser una fotocopiadora y vuelve a cobrar.
Está ahí, al día, con cada comprobante, lo pagado y lo que falta. Se acabó armar un Excel a mano cada vez que un cliente lo pide un viernes a las siete.
Recibido, en preparación, despachado, entregado — con la hora de cada paso. Las llamadas de «¿ya salió?» dejan de llegar a tu área de despacho.
Quién recibió, a qué hora, qué llegó completo y qué faltó. Cuando después aparezca una diferencia, los dos están mirando el mismo registro y no dos memorias distintas.
Cuentas, CCI y moneda, listas para copiar. Nadie vuelve a transferir a una cuenta vieja porque le pasaron una captura por WhatsApp hace ocho meses.
Un portal no reemplaza a la vendedora: la pone a un toque. Y el cliente sabe a quién escribirle cuando la duda es de verdad.
La mayoría de los pedidos mayoristas son el mismo de la semana pasada con dos cambios. Que no haya que dictarlo de nuevo es lo que hace que el portal se use.
Donde tu proveedor ve lo que le recibiste, tu cliente ve lo que le entregaste. Donde el proveedor carga su factura, el cliente la recibe. Donde el proveedor pregunta cuándo cobra, el cliente ve hasta cuándo tiene para pagar. Misma pieza, dada vuelta — y las dos puntas de tu cadena dejan de vivir en tu WhatsApp.
Ver el portal de proveedores →Contanos cómo te piden hoy tus clientes sus pedidos y sus saldos. Si esto no te saca ese trabajo de encima, te lo decimos.
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